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Jueves, 04 de agosto de 2005

género de Dios

A partir de las ideas que tenemos sobre Dios, surge el interrogante si el Ente pertenece a algún género

Por lógica sabemos que se pertenece a un género de dos maneras. Una, propia y directamente, como sucede con las especies de un género. Otra manera de pertenecer es, por reducción, como es el caso de los principios y las privaciones. Esto queda un poco ilustrado con los dos ejemplos: el punto y la cantidad se reducen al género de la cantidad como a su principio; o la ceguera, y toda privación también, que se reduce al género del hábito.
Queda claro que de ninguna de estas dos maneras pertenece Dios a un género. Tomás de Aquino aduce tres razones para demuestrar que Dios no puede ser especie de género alguno.

La primera, porque la especie consta de género y diferencia. La relación que encontramos entre aquello de lo que se toma la diferencia, la cual constituye la especie y aquello de lo que se toma el género, es siempre la misma a la que se da entre el acto y la potencia.
Así, al decir del hombre que es animal racional, el término animal se toma concretamente, de la naturaleza sensitiva, y precisamente por tener esta naturaleza se le llama a algo animal. Mientras que la palabra Racional se toma de la naturaleza intelectiva, puesto que por tener inteligencia se le califica a algo de racional. Lo intelectivo se compara a lo sensitivo como el acto a la potencia. Algo parecido sucede claramente con otras cosas.
Como quiera que en Dios no hay potencia que añadir al acto, es imposible que pertenezca tanto a un género como a una especie.

La segunda, porque siendo Dios su propia esencia, si perteneciera a algún género, necesariamente este género sería ser, ya que género significa esencia de una cosa, pues está en aquello por lo que algo es lo que es. Aristóteles en III Metaphysicorum demuestra que el ser no puede tener género alguno, pues todo género tiene diferencias que no pertenecen a su esencia, ya que no puede haber diferencia que no sea ser, porque el no ser no puede ser diferencia. Se deduce de ahí que Dios tampoco pertenece a ningún género.

La tercera razón, porque todas las cosas que pertenecen a un género, tienen en común la esencia de dicho género, que es lo que se dice de aquello por lo que algo es lo que es.
En cambio, se diferencian en el ser, pues, por ejemplo, no es lo mismo el ser del hombre que el ser del caballo, ni el ser de este hombre, ni el ser de aquel hombre. Así, es necesario que en las cosas de un mismo género se distinga el ser de aquello por lo que es lo que es, es decir, la esencia.
Ahora bien, sabemos que en Dios no hay diferencia. De donde se sigue claramente que Dios no pertenece a ningún género ni a especie alguna. Con todo esto queda patente que no tiene género ni diferencia; también carece de definición y de demostración, a no ser por los efectos. Y la razón de ello, porque toda definición debe contener género y diferencia; y además también la definición es la base de la demostración.
Que Dios como principio no pertenece a género alguno por reducción, queda claro por el hecho de que todo principio que se reduce a un género no va más allá de dicho género; como sucede por ejemplo con el punto que no es más que principio de la cantidad continua, y la unidad lo es de la alterna. Dios es principio de todo ser. De ahí que no pertenezca a ningún género como principio.

Por: BVDelgado | Teodicea | Comentarios (0) | Referencias (0)

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mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.

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