Lunes, 25 de julio de 2005
La jerarquía de valores existente en el mundo nos lleva a deducir lógicamente la existencia del ser de suma perfección.
Es un hecho experimentado por cualquier persona que la bondad, la veracidad, la nobleza y otros muchos valores más se encuentran en las cosas.
Ciertamente, en unas realidades más y en otras menos. Pero este “más” y este “menos” se aplica a las cosas en cuanto que éstas se aproximan más o menos al grado supremo. Esto lo podemos comprobar, por ejemplo, con una cosa de la que decimos que está caliente cuando está más próxima al máximo calor.
Todo lo cual nos conduce a afirmar sin ninguna concesión a la duda que existe algo, del que decimos es muy veraz, muy bueno, muy noble; y, en consecuencia, es el máximo ser. Porque, como asevera Aristóteles en el II Metaphysicorum, las realidades que son sumamente verdaderas, son seres en grado máximo.
Como quiera que en cualquier género de la realidad, lo máximo se convierte en causa de lo que pertenece a tal género, -así, por ejemplo, el fuego, que es el máximo calor, es causa de todos los calores, como se explica en el mismo libro citado anteriormente-, del mismo modo hay algo que en todos los seres es causa de su existir, de su bondad, de cualquier otra perfección. A este “algo” le llamamos Dios.
Por: BVDelgado | Teodicea | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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