Sábado, 23 de julio de 2005
La segunda vereda demostrativa de la existencia de Dios radica en lo que se deduce de la causa eficiente.
Pues nos encontramos que dentro del mundo sensible rige un orden de causas eficientes.
Sin embargo, no hallamos, ni siquiera es posible pensarlo, que alguna realidad sea causa eficiente de sí misma, ya que para ello tendría que ser anterior a sí misma, lo que a todas luces resulta una cosa absurda.
Ahora bien, con toda certeza sabemos que en las causas eficientes no es posible un procedimiento indefinido porque en todas las causas eficientes hay siempre orden: la primera es causa de la intermedia; y ésta, sea una o múltiple, lo es de la última causa.
Puesto que, en el supuesto de que se anulara la causa, consecuentemente desaparecería también el efecto.
De modo que si en el orden de las causas eficientes no existiera la primera, no se daría tampoco ni la última causa ni la intermedia.
Por lo mismo, si en las causas eficientes llevásemos hasta el infinito este proceder, igualmente no existiría la primera causa eficiente; y en consecuencia no habría efecto último ni tampoco causa intermedia. Lo que nos hace pensar una situación absolutamente falsa.
Por lo tanto, es necesario admitir una causa eficiente primera de todas las demás causas que conforman esta cadena. Y a este Primer eslabón todos llamamos Dios.
Por: BVDelgado | Teodicea | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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