Domingo, 17 de julio de 2005
Ante la importancia que tienen en nuestras vidas, ¿la posesión de todas las riquezas posibles pueden saciar las ansias de felicidad del ser humano?
La experiencia existencial me da la opción para comenzar afirmando categóricamente que es imposible que la felicidad última del hombre consista en la posesión de todas las riquezas.
Efectivamente, como señalaba ya el Filósofo de los filósofos en su I Politica, hay dos clases de riquezas, una, las que proporciona la naturaleza y el otro grupo está constituído por las artificiales.
Las riquezas naturales sirven para subsanar las debilidades de la naturaleza; así, por ejemplo, el alimento, la bebida, el vestido, los vehículos, la vivienda, etc. Por su parte, las riquezas artificiales, como el dinero, por sí mismas, no satisfacen a la naturaleza, sino que las inventó el hombre con el fin de facilitar el intercambio, y así sean de algún modo la medida de las cosas vendibles.
En consecuencia, está claro que la felicidad del hombre no puede estar en las riquezas naturales,
pues a éstas se las busca en orden a otra cosa; para sustentar la naturaleza del hombre y, por eso, no pueden ser el fin último del hombre, sino que se ordenan a él como a su fin. Por eso, en el orden de la naturaleza, todas las cosas están subordinadas al hombre y han sido hechas precisamente para el ser humano.
Mientas que las riquezas artificiales, a su vez, sólo se buscan en función de las naturales. No se apetecerían si con ellas no se pudieran adquirir cosas necesarias para disfrutar de la vida. Por eso tienen mucha menos razón de último fin.
Es imposible, por tanto, que la felicidad, que es el fin último del hombre, consista en la posesión de las riquezas.
Por: BVDelgado | Etica | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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