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Viernes, 15 de julio de 2005

La carne humana

El filósofo Aristóteles, en su I De Generatione, distingue entre la carne entendida en el sentido de materia y según la especie. La carne en la primera acepción se adquiere y se pierde. También es cierto que lo engendrado por el alimento se adquiere y se pierde también. Por lo tanto, aquello en que se convierte el alimento es materialmente carne; sin embargo, no sucede lo mismo tomada en sentido específico.

Ahora bien, aquello que pertenece a la esencia de la naturaleza humana, sabemos que forma parte de su especie. Por lo tanto, el alimento no pasa a ser realmente elemento integrante de la naturaleza humana.

También somos conocedores de que algunos otros filósofos entendieron por carne en sentido específico aquello que primero tiene forma humana, después de ser recibido del engendrador. Y añaden los mismos que ésta permanece mientras dura el individuo.
Sin embargo, por carne según la materia entienden estos mismo filósofos lo que se engendra del alimento. Y dicen que esta carne no permanece siempre, sino que, lo mismo que viene, se va.
Mas esta postura contradice el pensamiento de Aristóteles que lo vemos resumido en esta frase suya:” Como todo lo que tiene especie en la materia, por ejemplo en la madera o en la piedra, así en la carne esto es según la especie y aquello según la materia”.

Es evidente que la distinción hecha anteriormente no tiene lugar en las realidades inanimadas, las cuales no se engendran seminalmente, ni tampoco se nutren con alimentos.
Y, por otra parte, mezclándose lo que se engendra del alimento con el cuerpo nutrido, como sucede, por ejemplo, cuando el agua se mezcla con el vino, comparación que hace el mismo filósofo, no es posible que sean distintas naturalezas la de lo que se ha convertido y la de lo que resulta de esta mextura, habiéndose hecho ya una sola cosa por verdadera mezcla. Por eso, no hay razón alguna para que una de estas cosas se consuma por el calor natural y la otra realidad perdure.

Puestos en otra dimensión hay que decir que la distinción hecha por el Filósofo ha de entenderse no según la existencia de diversas carnes, sino según una distinta consideración tenida de la misma carne.
De modo, que si se considera la carne según la especie, esto es, lo que es formal en ella, entonces siempre permanece, pues perdura siempre la naturaleza de la carne y la disposición natural de la misma.
Pero si se considera la carne como la materia, entonces esta no permanece, sino que va consumiéndose y restaurándose paulatinamente, como sucede, por ejemplo, en el fuego de un horno, cuya forma de fuego permanece, en tanto que la materia se consume poco a poco y es reemplazada por otra.

Por: BVDelgado | Antropología | Comentarios (0) | Referencias (0)

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mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.

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