Domingo, 26 de junio de 2005
Como seres racionales que somos, cabe proguntarnos si ¿es propio de la naturaleza racional obrar por un fin?
Todo agente obra necesariamente por un fin.
En efecto, en una serie de causas ordenadas entre sí, no se puede eliminar la primera sin suprimir también las otras. Y no se admite ninguna duda que la primera de todas las causas es la final. La explicación de esto está en que la materia no alcanza la forma sin la moción de la causa agente, pues nada puede pasar por sí mismo del estado de potencia al del acto.
Ahora bien, la causa agente sólo actúa en razón del fin. En consecuencia, si un sujeto agente no estuviera determinado a conseguir algo concreto, no haría una cosa en vez de otra, porque, para que produzca un efecto determinado, tiene que estar designado a algo cierto, lo cual tiene razón de fin.
Esta determinación la realiza en los seres racionales el apetito racional, que llamamos voluntad; en los demás seres la lleva a cabo la inclinación natural, que también se llama apetito natural.
Debemos, no obstante, tener en cuenta que un ser puede tender a un fin de dos modos distintos: uno, cuando se mueve a sí mismo hacia el fin, como es el caso del hombre; y el segundo modo, cuando es otro ser quien lo encamina al fin, como ocurre con la flecha, que se dirige a un fin determinado porque la lanza un arquero, dirigiendo su acción al fin.
Así, pues, los seres dotados de razón se mueven por sí mismos al fin gracias al dominio de sus actos que les presta el libre albedrío, que es la facultad de la voluntad y de la razón.
En cambio, aquellos seres que carecen de razón tienden al fin por inclinación natural, como movidos por otro y no por sí mismos, pues carecen de noción de fin y, por tanto, nunca pueden ordenar sus acciones a un fin, sino que ellos mismos son ordenados a este fin por otro ente. En efecto, toda la naturaleza irracional es, con respecto al Creador, como un instrumento en manos de un agente principal.
Por tanto, es propio de la naturaleza racional tender a un fin moviéndose o dirigiéndose a sí misma; mientras que lo característico de la naturaleza irracional es inclinarse al fin como impulsada o dirigida por otro, bien sea hacia un fin de algún modo conocido, como sucede en los simples animales, bien sea a un fin completamente desconocido, como sucede en los seres privados de conocimiento.
Por: BVDelgado | Etica | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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