Viernes, 17 de junio de 2005
Las almas sensitiva e intelectiva, ¿son o no son causadas a partir del semen? ¿se transmiten o no se transmiten con el semen?

Algunos sostuvieron que las almas sensitivas de los animales también son creadas por Dios. Esta afirmación sería admisible si el principio vital sensitivo fuera subsistente y le correspondiera existir y obrar por sí mismo. Pues, de este modo, como por sí misma le incumbería al alma sensitiva ser y obrar, así también el hacerse le sería debido a sí misma. Como, por otra parte, lo que es simple y subsistente no puede ser hecho más que por creación, se seguiría que el principio vital sensitivo llegaría a la existencia por creación.
Partiendo de lo expuesto arriba, el fundamento de esta opinión resulta a todas luces falso. Pues si al alma sensitiva le correspondiera ser y obrar por sí misma, al corromperse el cuerpo no se corrompería ella.
Por lo tanto, al no ser forma subsistente, en cuanto al ser, se encuentra en las mismas circunstancias que las formas corpóreas, a las que no se les debe el existir por sí mismas, sino que son por ellas sus compuestos subsistentes.
Por eso, a los compuestos mismos es a los que se debe también el hacerse.
Y, porque lo que engendra es semejante a lo engendrado, necesariamente por naturaleza, tanto el alma sensitiva como las demás formas de su índole, vienen a la existencia por algunos agentes corpóreos que transmutan la materia de la potencia al acto por medio de alguna fuerza corpórea presente en ellos.
Ahora bien, cuanto mayor es la eficacia del agente, tanto mayor es la distancia a la que llega su acción. Pues es evidente, por ejemplo, que cuanto más cálido es un cuerpo, tanto más lejos calienta. De ahí que, como consecuencia, los cuerpos inorgánicos, que son los ínfimos de la naturaleza, engendran sus semejantes, pero no por medio alguno, sino por sí mismos; asó, por ejemplo, el fuego engendra por sí mismo fuego.
Pero los cuerpos vivientes,
al ser de mayor poder, para engendrar a un semejante actúan con o sin mediación. Sin lo último sucede en la función nutritiva; así, por ejemplo, la carne engendra carne. Con mediación se da en el acto de la generación, pues del principio vital del que engendra se deriva cierta virtud activa que pasa al semen del animal o la simiente de la planta, tal como del agente principal pasa al instrumento cierta capacidad motriz.
Así como puede decirse indistintamente que algo es movido por el instrumento o que lo es por el agente principal, así también puede afirmarse indistintamente que el alma del engendrado es causada por el alma del engenddor, o que lo es por una virtud derivada de esta misma que se encuentra en la sustancia seminal.
Es imposible que el poder activo de la materia llegue a producir un efecto inmaterial. Pues, evidentemente, el principio intelectivo en el hombre trasciende la materia, ya que tiene operaciones en las que no participa el cuerpo. Por lo tanto, es imposible que la fuerza seminal sea causa del principio intelectivo.
Igualmente, el poder seminal obra por virtud del alma del que engendra, en cuanto que el alma del que engendra es forma de su cuerpo, del que se sirve para obrar. Pero en las operaciones del entendimiento no participa el cuerpo. Por lo tanto, la eficacia del principio intelectivo, en cuanto tal, no puede comunicarse al semen. De ahí que Aristóteles, en su libro De Generatione Animalis afirma que sólo el entendimiento proviene de fuera.
Por lo mismo, el alma intelectiva tiene operaciones vitales incorpóreas, y es subsistente. Consecuentemente, le compete por sí misma el existir y el hacerse. Por ser sustancia inmaterial, no puede ser producida por generación, sino sólo por creación divina. Por lo tanto, decir que el alma intelectiva es producida por el que engendra, equivale a negar su subsistencia y a admitir que se corrompe con el cuerpo. Por eso es falso decir que el alma intelectiva se propaga por generación.
Por: BVDelgado | Psicología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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