Jueves, 16 de junio de 2005
Partimos del comentario de las distintas opiniones sobre esta cuestión, esto es, la repercusión de la acción humana sobre otros hombres.
Averroes sostuvo
la existencia de un solo entendimiento posible para todos los seres humanos. De ahí se seguiría que son las mismas especies inteligibles para todos los hombres. Por lo mismo tendríamos entonces que el hombre no aporta a otro ser semejante, mediante la enseñanza, un saber distinto del que él tiene, sino que le comunica el mismo que ya posee, estimulándole a ordenar las imágenes en su mente de tal manera que sean convenientemente dispuestas para la aprehensión inteligible.
Dicha opinión es verdadera en lo que se refiere al hecho de que la ciencia es una misma en el maestro y en el discípulo, si tal identidad se entiende respecto a la unidad de lo conocido. La verdad de lo conocido es la misma en el discípulo y el maestro. Pero la opinión es falsa si se refiere a que el entendimiento posible es uno solo para todos los humanos, y que son unas mismas las especies inteligibles, diferenciándose sólo por las imágenes.
Otra opinión es la propuesta por los platónicos, los cuales sostuvieron que la ciencia radica desde el principio en nuestras psiquis por la participación de las formas separadas.
No obstante, el alma, por su unión con el cuerpo, queda impedida para meter libremente aquello que sabe. Según esto, el discípulo no adquiere del maestro saberes nuevos, sino que éste simplemente le estimula a analizar los conocimientos que el discípulo ya tiene, hasta el punto de que, según los platónicos, aprender no es más que recordar.
Puestos en otra dimensión hay que decir que
el profesor produce saber en el estudiante haciéndole pasar de la potencia al acto, como dice Aristóteles en VIII Physicorum. Para demostrarlo, hay que tener presente que de los efectos procedentes de un principio exterior, unos provienen exclusivamente de éste; así, la forma de la casa tiene su origen en la materia sólo por el arte. Otros efectos tienen su origen, a veces en una base exterior y otras en una interior; como, por ejemplo, la salud, producida en el enfermo unas veces por un principio externo, como es la medicina, y otras, por uno interno; como cuando alguno se cura por el poder de la naturaleza.
En esta segunda clase de efectos señalados anteriormente, hay que tener presente:
Primero, que el arte imita a la naturaleza en sus operaciones, porque, así como la naturaleza sana al enfermo alterando, digiriendo, y echando lo que causa la enfermedad, así sucede también con el arte.
Y segundo, hay que atender al hecho de que el principio externo, verbigracia el arte, no obra como agente principal, ya que éste es la causa interna, sino que actúa como subsidiario, reforzándole y suministrándole los instrumentos y medios que ha de utilizar en la producción del efecto. Es lo que hace el médico refuerzando la naturaleza y para ello, le proporciona alimentos y medicinas necesarios para el fin que persigue.
Ahora bien, el hombre adquiere la ciencia a veces mediante un origen interno, como es el caso de quien investiga por sí mismo; y, otras veces, basado en una causa externa, como sucede en el alumno. Ciertamente, a cada persona le va unido un principio de saber, esto es, la luz del entendimiento agente, por el que, ya desde el comienzo y por naturaleza, se conocen ciertos principios universales comunes a todas las ciencias.
Cuando uno aplica estas razones universales a casos particulares cuyo recuerdo o experiencia le suministran los sentidos, entonces por investigación propia adquiere la ciencia de cosas que ignoraba, pasando de lo conocido a lo desconocido. De ahí que también todo el que enseña procura conducir al que aprende, de las cosas que éste ya conoce al conocimiento de las que ignora, siguiendo lo dicho por Aristópteles: Toda enseñanza, dada o adquirida, procede de algún conocimiento previo.
De todo lo dicho podemos señalar
que el maestro puede contribuir de estas dos maneras al aprendizaje del alumno.
La primera, proporcionándole algunos medios o ayudas de los cuales pueda usar su inteligencia para adquirir el saber, tales como ciertas proposiciones menos universales, que el discípulo puede fácilmente juzgar mediante sus previos conocimientos: o también poniéndole ejemplos palpables, facilitándole cosas similares u opuestas, a partir de las cuales el entendimiento del aprendiz es conducido a la aprehensión de lo desconocido.
La segunda manera, fortaleciendo el ingenio del educando, no mediante alguna fuerza activa, como si la intgeligencia del educador fuese de una naturaleza superior, pues todos los talentos humanos son de un mismo grado en el orden natural, sino en cuanto que se hace ver al discípulo la conexión de los principios con las conclusiones, en el caso de que no tenga suficiente poder comparativo para deducir por sí mismo las conclusiones de tales fundamentos. Como dice Aristóteles, la demostración es un silogismo que causa ciencia. De modo que el que enseña demostrando sus presupuestos, hace que su discípulo adquiera ciencia.
Por: BVDelgado | Psicología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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