Lunes, 13 de junio de 2005
Sensiblemente se nos manifiesta que algunos cuerpos son activos. Ha habido, sin embargo, tres clases de opiniones sobre la actividad de los cuerpos.
Hubo quienes
negaron en absoluto tal actividad, y ésta fue la opinión de Avicebrón en el libro Fontis Vitae, donde intenta probar que ningún cuerpo obra activamente, sino que todas las acciones que parecen proceder de los cuerpos, pertenecen a cierta virtud espiritual que los penetra a todos. De modo que, según él por ejemplo, no calienta el fuego, sino una virtud espiritual que le invade. Esta opinión parece proceder de otra de Platón.
Platón sostuvo que todas las formas existentes en la materia corporal son participadas y están determinadas y reducidas a tal materia, en tanto que las formas separadas, son absolutas y universales. Por lo cual afirmaba Platón que las formas separadas son la causa de las formas existentes en la materia.
Avicebrón afirmaba que, al estar la forma existente en la materia corporal determinada a esta materia individualizada por la cantidad, que es principio de individuación, se impide a la forma corpórea y se aleja de ella para que no pueda extender su acción a otra materia. Y así, sólo la forma espiritual e inmaterial, que no está coartada por la cantidad, puede difundirse a otro sujeto por medio de su acción.
La segunda opinión sobre el obrar de los cuerpos tiene como mentor al filósofo aristotélico Tomás de Aquino.
De la argumentación anterior no se deduce que la forma corporal no sea agente, sino que no es agente universal. Porque en el grado en que se participa algo, en ese mismo grado se participa también necesariamente lo que es esencialmente inherente a lo participado, como, por ejemplo, se participa de la visibilidad cuando se participa de la luz. 
Ahora bien, obrar, que no es más que hacer algo en acto, es esencialmente inherente al acto en cuanto tal, y de ahí que todo agente haga algo semejante a lo que él es. Así, pues, en cuanto algo es una forma no determinada por la materia sujeta a la cantidad, le compete ser agente indeterminado y universal. Pero si es forma restringida a determinada materia, le corresponde ser agente reducido y particular. De ahí que, verbigracia, si se diese la forma de fuego separada, como afirmaron los platónicos, sería de algún modo la causa de toda combustión; pero la forma concreta de fuego existente en determinada materia corporal es sólo causa de la combustión particular que procede de tal cuerpo concreto destinada al cuerpo concreto. Por esto mismo tal acción se verifica por contacto de los dos cuerpos.
Sin embargo, la opinión de Avicebrón iba más lejos que la de Platón, pues Platón ponía únicamente formas sustanciales separadas y reducía los accidentes a ciertos principios materiales, que son lo grande y la pequeño, los cuales, creía Platón, que eran los primeros contrarios, como otros creían que eran lo raro y lo denso.
Pero tanto Platón como Avicena, que le siguió en parte, suponían que los agentes corporales obran disponiendo, por medio de sus formas accidentales, la materia para la forma sustancial, si bien la última disposición, que la verifica al entrar la forma sustancial, procede de un principio inmaterial.
La tercera opinión es la de Demócrito, según el cual la acción se realiza por emanación de átomos del cuerpo agente, y la pasión se verifica por la recepción de estos mismos átomos en los poros del cuerpo paciente. Opinión que rechaza Aristóteles, en I De Generatione, porque de ella se seguirían dos cosas falsas a todas luces, a saber, que el cuerpo no sería todo él pasivo y que la cantidad del cuerpo agente se disminuiría al obrar.
Por lo tanto, hay que decir que un cuerpo obra sobre otro en cuanto el que obra está en acto y aquel sobre el que actúa éste está en potencia.
Por: BVDelgado | Psicología | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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