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Miércoles, 18 de mayo de 2005

¿Sumo mal?

¿Así como existe el sumo bien, ahora nos preguntamos, ¿ hay o no hay un sumo mal causa de todo mal?

Teniendo en cuenta algunas razones expuestas en los artículos precedentes, resulta claro afirmar ahora que no hay un primer principio de los males, como sí lo hay de los bienes. Esta conclusión está fundamentada en estos razonamientos.

Uno, porque el primer principio de los bienes es esencialmente bueno. Por lo tanto, nada puede ser esencialmente malo, pues como se demostró también anteriormente, todo ser, en cuanto tal, es bueno; el mal, por su parte, no se da más que en el bien como en su sujeto.

En segundo lugar, porque el primer principio de los bienes es el bien sumo y perfecto, que contiene en sí toda su bondad. Por el contrario, el sumo mal no puede existir, porque aunque el mal siempre disminuya el bien, sin embargo, nunca lo puede anular totalmente. De modo que, permaneciendo siempre el bien, no puede haber algo que sea íntegra y completamente malo. Por lo cual, el ético Aristóteles dice que, si el mal fuera completo, se destruiría a sí mismo, porque una vez destruido todo bien -que se requiere para la integridad del mal- se suprimiría también el mismo mal, ya que, como se ha dicho reiteradamente, el bien es el sujeto del mal.

El tercer argumento se basa en la razón de mal contradice la razón del primer principio. Pues todo mal es causado a partir del bien, ya que el mal no puede ser causa del bien nada más que accidentalmente. De este modo, por tanto, no puede ser primera causa, porque la causa accidental es siempre posterior a la esencial, como resulta también evidente al autor de los Physicos.


Para el filósofo Tomás de Aquino, quienes sostuvieron la existencia de los dos primeros principios, uno bueno y otro malo, cayeron en este error por el mismo motivo por el que surgieron otras extrañas hipótesis de los antiguos. Es decir, porque éstos no tuvieron presente la causa universal de todo ser, sino tan sólo las causas particulares de los efectos particulares.
Así, pues, cuando estos pensadores encontraron algún ser que, por su naturaleza, era perjudicial para otro ser, esto les llevó a opinar que la naturaleza de aquel ser era mala; es como si alguien dijera, por ejemplo, que la naturaleza del fuego es mala porque, a veces, las llamas destruyen alguna casa.
Ciertamente, no se puede juzgar la bondad de la naturaleza de un ser por su relación a algo particular, sino que debemos analizarla en sí misma y en cuanto que está ordenada a todo el universo, en el cual cada cosa ocupa su lugar perfectamente dispuesto.
Precisamente, aunque los mismos filósofos observaron la presencia de dos causas particulares contrarias en dos efectos particulares contrarios, sin embargo, no fueron capaces de reducir las causas particulares contrarias a una causa universal general. De este modo, llevaron la contrariedad existente en las causas hasta los mismos primeros principios.
Pues, como todos los contrarios convergen en uno general, es necesario que en ellos, por encima de las causas contrarias propias, se encuentre una causa común. Del mismo modo que sobre las cualidades contrarias de los elementos se encuentra la facultad del cuerpo celeste. Igualmente, por encima de todo lo que existe de uno u otro modo, se encuentra un primer principio de ser.

Por: BVDelgado | Metafísica | Comentarios (0) | Referencias (0)

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mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.

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