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Lunes, 16 de mayo de 2005

bien versus mal

Aquí vamos a hablar de la procedencia causal del bien y el mal. Y concretamente ya nos cuestionarnos si el bien, ¿puede o no puede ser causa del mal?

Siguiendo nuestras disquisiciones por el empíreo campo de la ontología, vemos que el mal no puede consumir totalmente el bien. Y para demostrar esta rotunda afirmación, hemos de tener presente que en la realidad hay un triple bien.
Uno, es el que se suprime totalmente por el mal. Con ello queremos decir que este es el bien opuesto directamente al mal. Así, por ejemplo, experimentamos que la luz desaparece totalmente cuando las tinieblas se adueñan de nuestro entorno; por lo mismo la vista se pierde cuando la ceguera la remplaza. Esto es, que ambas nunca pueden coexistir juntas.
El otro bien nunca es suprimido totalmente por el mal, ni tampoco es disminuido. Más, este bien es sujeto del mal. Así vemos, verbigracia, que la sustancia del aire no disminuye por la presencia de las tinieblas.
Y el tercer bien, ciertamente, disminuye por el mal, sin embargo nunca se suprime totalmente. Este bien es el que se identifica con la capacidad del sujeto para actuar.

Entonces, la disminución de este bien no se tiene que tomar en el sentido de sustracción, como lo puede ser la disminución de la cantidad, sino en el sentido de atenuación, como lo puede ser la disminución en las cualidades y en las formas.
También la atenuación de esta capacidad hay que tomarla en el sentido contrario al de la intensificación de la misma. Pues la capacidad se intensifica por las disposiciones con las que se prepara la materia para actuar, las cuales, cuantas más se dan en el sujeto, tanto más lo capacitan para recibir la perfección y la forma.
Lo contrario sucede si se dan disposiciones opuestas, las cuales, cuantas más hay en la materia y cuanto mayor es su intensidad, tanto más se disminuye la aptitud de la potencia para el acto.

Así, pues, si las disposiciones contrarias no se pueden multiplicar ni intensificar indefinidamente, sino hasta cierto punto, tampoco la mencionada capacidad puede disminuir o atenuarse indefinidamente. Esto es lo que sucede en las cualidades activas y pasivas de los elementos. Por ejemplo, el frío y la humedad, por las que disminuye o se atenúa la capacidad de la materia para recibir la forma del fuego, no pueden multiplicarse indefinidamente.
En cambio, si las disposiciones opuestas pueden multiplicarse indefinidamente, la capacidad puede disminuir o atenuarse también ilimitadamente. Sin embargo, no se suprime totalmente, porque siempre permanece en su raíz, la cual es la sustancia del sujeto. Está claro que si se interponen indefinidamente cuerpos opacos entre el sol y el aire, indefinidamente se disminuye la capacidad del aire para recibir la luz. Sin embargo, nunca se suprimirá totalmente mientras permanezca el aire, el cual, por su propia naturaleza, es diáfano.

Por: BVDelgado | Metafísica | Comentarios (0) | Referencias (0)

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mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.

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