Sábado, 14 de mayo de 2005
La verdad metafísica nos lleva consecuentemente a preguntarnos si la falsedad, ¿está o no está en las cosas? Que es lo mismo que preguntarse por la falsedad ontológica.
Empezamos nuestro recorrido metafísico. Así como lo verdadero y lo falso se oponen, y los opuestos lo son precisamente sobre lo mismo, de este modo es necesario que la falsedad se busque antes allí donde primero se encuentra la verdad; esto es, en el entendimiento. Pues en las cosas no hay ni verdad ni falsedad más que en relación con nuestra inteligencia. 
Como quiera que a cualquier cosa, por lo que le corresponde esencialmente, se le aplica el sentido absoluto, y por lo que le corresponde accidentalmente, se le aplica en sentido relativo, una cosa cualquiera puede ser llamada absolutamente falsa al compararla con el entendimiento del que depende si se la compara en sus elementos esenciales; y con respecto a otro entendimiento, si se la compara accidentalmente, no podrá ser llamada falsa más que relativamente.
Como de la inteligencia humana dependen las cosas artificiales, así, pues, se llaman realidades artificiales falsas absoluta y esencialmente en cuanto que les falta el contenido propio del arte; y por eso se dice que un artista hace una obra falsa cuando no la realiza según los patrones del arte.
Pero, en lo que se relaciona con nuestro entendimiento, al que se comparan las cosas naturales accidentalmente, por eso pueden ser llamadas falsas no en sentido absoluto, sino en sentido relativo. Y esto sucede de doble manera:
Una teniendo en cuenta el significado; calificando de falso en las cosas todo aquello que, verbal o conceptualmente, se indica o se define en sentido falso. Así, cualquier realidad puede ser llamada falsa en cuanto hace referencia a lo que no le corresponde. El gran filósofo Aristóteles ilustra esto con este clarividente ejemplo: el diámetro es un falso medible; o con este otro ejemplo que aporta el no menos ilustre Agustín de Hipona: el actor es un falso Héctor. Por el contrario, cualquier cosa puede llamarse verdadera por lo que le corresponde.
Otra manera de explicar la falsedad en las cosas, radica en su causa misma. Así, también se dice que es falsa una cosa porque está hecha de tal forma que de ella se tiene una falsa opinión. Pues partimos del hecho que los humanos llevamos innato el juzgar por apariencias, puesto que el origen de nuestro conocimiento está en los sentidos, los cuales lo primero e inmediato que captan es lo externo.
Esto nos predispone a llamar falsas a las cosas que por sus apariencias tienen cierta semejanza con otras, por las que aquéllas son llamadas falsas. Así, por ejemplo, la hiel es falsa miel; el estaño es falsa plata. Según estos ejemplos aducidos por clásicos filósofos, Agustín concluye: Llamamos falsas a aquellas cosas que concebimos como similares. Y el filósofo, por antonomasia, Aristóteles, expresa también que se llaman falsas aquellas cosas que están hechas para parecer lo que no son o como no son. Por lo mismo, concluye el mismo filósofo, se llama falso al hombre con inclinación a pensar y decir falsedades. Pero no ocurre así cuando el hombre puntualmente puede caer en errores; porque, de lo contrario, también a los sabios y los eruditos en estas circunstancias concretas se les podría llamar falsos.
Por: BVDelgado | Metafísica | Comentarios (0) | Referencias (0)
mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.
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