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Viernes, 13 de mayo de 2005

El mal metafísico

¿A qué se debe que el mal sea una realidad?. Si partimos de la afirmación que el mal es carencia de bien, entonces, el bien, ¿puede o no puede ser causa del mal?

Podemos afirmar que el ser causa no le puede corresponder más que al bien, porque nada puede ser causa más que en cuanto que es realidad, y todo lo que es ser, en cuanto tal, es bueno, como ya hemos dicho en una reflexión anterior.
Además si nos detenemos en los cuatro géneros de causas, comprobamos que el agente, la forma y el fin, implican alguna perfección que pertenece a la razón de bien. Como también la materia, en cuanto que es potencia para el bien, tiene razón de bien.

El hecho de que el bien sea causa material del mal, resulta evidente que el mal implica ausencia de bien. Aunque no toda ausencia de bien es llamada mal. Pues la ausencia de bien puede ser tomada como privación y como negación. Y cuando la ausencia de bien tomada como negación, no contiene razón de mal. El mal, por otra parte, no tiene causa formal, sino que, más aun, es privación de la forma.
Lo mismo cabe decir con respecto a la causa final, pues, más todavía, lo que le caracteriza es la privación del orden a su debido fin. Pues no sólo el fin tiene razón de bien, sino también de utilidad, precisamente porque está ordenado al fin.
Además el mal tiene causa en lo que se refiere al agente, y no en cuanto tal, sino accidentalmente.

Para demostrar esto hay que tener presente que el mal es causado de forma distinta en la acción y en el efecto. En la acción es causado por la ausencia de alguno de los principios de la acción, ya sea del agente principal, o del instrumental. Por ejemplo, la ausencia de movimiento en el animal puede deberse a la debilidad de su fuerza motora, como sucede en los niños; o puede que sea debido a la incapacidad instrumental, es la que se da en cualquier minusválido.
Por otra parte, el mal que encontramos en alguna cosa, pero no en el propio efecto del agente, a veces es causado por el agente y otras veces porque el agente es defectuoso, o porque el defecto radica en la misma materia.
El mal causado por la capacidad o perfección del agente se da cuando, a la forma que el agente persigue, le acompaña necesariamente la privación de alguna otra forma. Así, por ejemplo, a la forma del fuego le acompaña la privación de la forma del aire o del agua. De tal manera que cuanto más potente es la fuerza del fuego, tanto más fuertemente imprime su forma en la realidad y así corrompe también las formas contrarias.
Por eso, sieguiendo el ejemplo, el mal y la corrupción del aire y del agua es debida a la perfección del fuego. Aunque hemos de decir que esto sucede accidentalmente, porque el fuego no pretende anular la forma del agua, sino imprimir su forma propia. Pero haciendo esto causa aquello accidentalmente.
Pero si hay deficiencia en el efecto propio del fuego, por ejemplo, que no llega a calentar, esto se debe al defecto de la misma acción que, a su vez, es debido a la carencia de algún principio, o incluso a la indisposición de la materia, que no recibe adecuadamente la acción del fuego.
Y esto mismo, el ser deficiente, le sucede también al bien, al que le compete, en cuanto tal, actuar.
Por eso es verdad que el mal de ningún modo tiene una causa, a no ser de manera accidental. Y es así como, precisamente, el bien es causa del mal.

Por: BVDelgado | Metafísica | Comentarios (0) | Referencias (0)

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mis reflexiones filosóficas y sociales, en voz alta, sobre la realidad de la vida humana, invitando, a su vez, a dialogar reposadamente, e intercambiando así nuestras posibles posiciones plurales.

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